Sinopsis
En Italia, mediado el siglo XV, el enano Piccolino apunta en un
diario cuanto sucede en la corte. Los dispares sentimientos que
otros personajes le infunden se expresan en esas anotaciones,
resultando una excepcional descripción de la vida cortesana
renacentista, que alterna la admiración por las artes y
una pertinaz tendencia hacia la disputa bélica. Piccolino
narra la guerra entre las ciudades italianas, incluida la de su
príncipe, y el sitio a que su ciudad se somete. La enfermedad
y el hambre diezman al pueblo sin que nadie pueda evitarlo. Piccolino
escribe mientras la vida desea recuperarse.
El personaje
Piccolino: sesenta y cinco centímetros de crueldad humana.
Que no dude el lector pues el enano intentará confundirlo
reclamando para sí una condición distinta. Piccolino
es, inevitablemente, un hombre. Si bien la deformidad de su alma
monstruosa espanta, la renuncia a esa condición a la que
Piccolino acude reiteradamente en el texto no hace sino afirmar
al lector la naturaleza humana del personaje. Nada importan la
contextura ni el rasgo físicos, la actitud mental del personaje
se muestra inteligente, hasta lógica, siempre razonada.
Piccolino es un hombre, un hombre inteligente y, además,
un hombre cruel.
Apuntaba la Academia Sueca que el premio Nobel se concedía
a Par Lagerkvist, entre otros méritos, por “las respuestas
obtenidas a las preguntas relativas a la bondad humana”.
Piccolino, el enano, viene como una respuesta invertida, una verdadera
negación de esa bondad humana. ¿A qué responde
el alma de este personaje? Piccolino ama la guerra como expresión
de su propio ser, rechaza todo afecto, niega los pretextos del
sentimiento cuando éste se ejercita entre las personas.
Su odio no se ablanda. Desprecia el amor. Nada lo espanta; ni
el hambre ni el dolor lo reducen. A nada teme. Y es un asesino.
Piccolino se expresa así: “¿Quién adivina
lo que en realidad soy?”. Y seguido se contesta: “Es
mejor para ellos no suponerlo siquiera. Si lo supieran podrían
quedar espantados. Sí, si lo supieran, la sonrisa se les
apagaría en la boca y los labios se les marchitarían
y secarían para siempre. Ni todo el vino del mundo podría
humedecérselos ni enrojecérselos de nuevo”.
¿Qué virtud hay, si alguna cabe, en este personaje
inverosímil y a la vez certero, de mirada amarga y decisión
inalterable, brutal, unas veces ansioso y frío otras, capaz
de llevar la desgracia a toda una ciudad y de desear la guerra
como un alivio? Ciertamente, el enano se exhibe como una criatura
temible. Pero la virtud también se intuye cuando apunta
en su diario las veces en que reclama su propio lugar o cuando
se niega a ser tocado. Entre la impiedad de su alma, Piccolino
jamás engaña, nunca ironiza, siempre responde con
una frialdad mecánica en la que podría confiarse.
Para su vida nada quiere, ningún bien lo aturde y ninguna
posesión le justificaría perder el ánimo.
Piccolino demuestra el valor que la estima hacia uno confiere
a toda persona. Piccolino sólo exige que respeten su dignidad
como enano. Piccolino: sesenta y cinco centímetros de dignidad
humana.
La obra
“El enano” se presentó al público en
1944, cuando Par Lagerkvist (1891-1974) era celebrado como uno
de los mejores escritores suecos. La obra fue apreciada por la
crítica; en opinión de algunos, es la más
grande creación del autor sueco.
Bibliografía
El Verdugo. El enano (1987)
Editorial: Alianza Editorial, S.A. ISBN: 84-206-1358-4 |