Vidas de libro
Vidas de libro
Otros lugares del patrocinador:    
www.lavanderablanca.com
www.literaturaclasica.com

Daniel, el Mochuelo
“No dejes a la Guindilla que te quite las pecas”

El camino
Miguel Delibes

Fragmentos
 
 
   
    Indice por obra  
 

Thomas el impostor
Opiniones de un payaso
Moby Dick
La isla del día antes
La metamorfosis
El enano
El jugador
Otra vuelta de tuerca
La tía Tula
Pedro y Juan
Viento del Este, viento del Oeste
El difunto Matías Pascal
El crimen de un académico
Martín Fierro
El extranjero
Estas ruinas que ves
El americano impasible
Requiem por un campesino español
El viejo y el mar
Pedro Páramo
Santuario
El señor presidente
Zalacaín el aventurero

 
       
    Indice por personaje  
 

Guillaume Thomas
Hans Schnnier
El capitán Ahab
Roberto de la Grive
Gregor Samsa
Piccolino
Alexei Ivánovich
La institutriz de Bly
Tula
Pedro y Juan Roland
Kwei-lan
Matías Pascal
Sylvestre Bonnard
Martín Fierro
El señor Meursault
El profesor Aldebarám
Thomas Fowler
Mosén Millán
Santiago
Pedro Páramo
Popeye
Miguel Cara de Angel
Martín Zalacaín

 
       

Sinopsis
De noche en la casa, aturdido por su inminente partida hacia la ciudad, donde estudiará según desea su padre, Daniel no consigue dormir. Faltan unas horas para que amanezca y abandone el pueblo. Pero durante esas breves horas, Daniel evoca en una intensa rememoración todos los personajes, niños y adultos, con los que ha convivido durante sus primeros once años de vida.

El personaje
A los once años de edad, pocos han descubierto el mundo donde desean vivir para siempre. Daniel, el Mochuelo, es una de estas escasas personas. La vida, tal como la conoce, le place; las gentes con que convive, según las entiende, caben en su propia vida sumándole sentido. Daniel, antes de padecer el empeño de su padre por enviarlo a la ciudad, había descubierto “el camino” que deseaba andar como hombre. En la figura del niño, tan temprana convicción se hace más admirable.

La infancia de Daniel, en la que muchos adultos se recordarían aún, está a punto de extinguirse. Daniel, el Mochuelo, ha fijado en la historia de la literatura aquella última época cuando la infancia se desligaba de la obsesiva atención adulta. Daniel, Roque y Germán -el Moñigo y el Tiñoso en el relato- penetran en el mundo inmediato del valle sin la mediación de los adultos. Las voluntades que interceden por las suyas apenas modifican las decisiones propias de la aventura junto a las vías del tren o la finca donde robar unas manzanas. El conocimiento del mundo se cumple de forma ineludible, con su componentes de emoción y de riesgo, con sus consecuencias de júbilo o de castigo. De esta entera libertad proviene la capacidad para descubrir la vida, gozarla y desearla para siempre. En los ojos de Daniel hay una mirada complacida: el pueblo contiene suficiente promesa y el valle que lo contiene guarda sobrado provecho.

Daniel no es un personaje, es un paisaje completo. En una parte, un paisaje natural hallado en la montaña cuya grandeza se justifica por sí solo. Y además, un paisaje humano en el que convive la disparidad de intenciones y anhelos, donde se personifican la queja y la satisfación por un mismo destino. Conocer a Daniel permite recorrer este paisaje de figuras y ademanes humanos y conocer la disposición de la vida aldeana, que se acomoda a una convivencia sin posibilidades para el secreto. A este doble paisaje desea ceñirse Daniel. Otras decisiones, adultas lógicamente, se lo negarán al niño de once años.

Daniel obedecerá sin resistencia. Pero no está aquí la gran virtud del personaje. La obediencia de Daniel no es ejemplar: se trata de un cesión inevitable dada su edad. Tampoco está el aprecio con que el lector recuerda a Daniel en otras virtudes infantiles: su afán de juego no es extraordinario sino habitual en aquella edad; la fidelidad hacia el amigo se demuestra inquebrantable durante la infancia; la inocencia del primer amor proviene de la misma inocencia del niño. En Daniel, el Mochuelo, lo más admirable proviene de su facultad para juzgarse: Daniel no estima necesario abandonar su mundo. El valle ofrece cuanto precisa para vivir.

La obra
La acogida inicial del público hacia “El camino” en 1950, fecha de aparición de la obra, fue poco entusiasta, aunque la crítica ensalzó el trabajo de Miguel Delibes (1920). El reconocimieno posterior del público acompañó a las siguientes reediciones. “El camino” se acepta hoy como uno de los mejores aciertos de la narrativa española del siglo XX.

Bibliografía
La sombra del ciprés es alargada. El camino. Mi idolatrado hijo Sisí (1977)
Editorial: Ediciones Destino, S.A.  ISBN: 84-233-0135-4

El camino (1996)
Editorial: Editorial Planeta, S.A.  ISBN: 84-08-46088-9

El camino (2000)
Editorial: Ediciones Destino, S.A.  ISBN: 84-233-0384-5

El camino (2000)
Editorial: Ediciones Destino, S.A.  ISBN: 84-233-3227-6

El camino (2002)
Editorial: Ediciones Destino, S.A.  ISBN: 84-233-2511-3

El camino (2002)
Editorial: Planeta-De Agostini  ISBN: 84-395-9519-0

El camino (2003)
Editorial: Ediciones Destino, S.A.  ISBN: 84-233-1035-3

El camino (2003)
Editorial: Editorial Planeta, S.A.  ISBN: 84-08-04952-6

El camino (2003)
Editorial: Ediciones Destino, S.A.  ISBN: 84-233-3478-3

El camino (2004)
Editorial: Editorial Planeta, S.A.  ISBN: 84-08-05134-2

 
Subir
 
Sugiéranos un personaje
 

 

  Vidasdelibro.com es un espacio patrocinado por Lavandera Blanca Editores: libros de regalo, ediciones innovadoras y singulares, libros de bibliófilo.
Lavandera Blanca Editores Lavandera Blanca Editores