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Sinopsis
Sylvestre Bonnard ha dedicado toda su vida a la interpretación
de manuscritos y al estudio de antiguos libros. Por azar, el filólogo
Bonnard conoce a la huérfana Juana, nieta de la que fue
un viejo amor juvenil. La niña, que inspira en Bonnard
un intenso aprecio, malvive interna en un colegio de París.
Con la edad avanzada y el prestigio intacto, Bonnard se ve arrastrado,
infringiendo la ley, a liberar a Juana del lugar en que se la
retiene y a exponer su propia fama.
El personaje
La belleza sin felicidad no alimenta el alma. La fría emoción
de la inteligencia no penetra en el verdadero deseo del corazón.
Sylvestre Bonnard se retrasó la vida entera en descubrirlo:
“La multitud ostentaba un deseo tan elemental de vivir,
que todos mis pudores de viejo escriba se escandalizaron”.
A pesar de prestigiarlo una extensa y profunda cultura, de acompañarlo
una erudición envidiable que se evidenciaba con la memoria
de la poesía clásica o del mito heróico,
a pesar de dotarse del refinado acierto de la precisión
filológica, el académico Bonnar desconocía
las simples carencia de su propia historia. Nunca es tarde para
descubrirlas. La senectud sabe, si quiere, enriquecerse cuando
emerge un sentimiento de adoración por la vida ajena. Quizá
la enseñanza moral de este encantador, irónico y
amable personaje de Anatole France sea que, cuanto más
tiempo se retrasa la facultad de amar, más intensa e irrefrenable
resulta su emergencia. ¿Deben contenerse las emociones
para mantener la coherencia inalterable de la propia memoria?
Sylvestre Bonnard se contestó, finalmente, que no.
Juana Alexandre instruyó al académico Bonnard. Gracias
a la niña, por fin “escapan los pensamientos de mi
cerebro como la espuma de una botella de cerveza”. Esta
libertad, este gozo que la huérfana promete reserva insalvables
impedimentos. La tutoría de la niña pertenece a
otro hombre y una incompleta educadora ejerce su custodia: para
mayor drama, el primero ejerce la villanía y la profesora,
el desprecio. La liberación de la niña supone la
liberación del alma del filólogo. Pero la ley impide
a Bonnard cualquier acción. En el trance que el académico
padece, a los lectores se nos pregunta si la rectitud de intención
debe corregir la injusticia legal, si el afecto humano supera
las ventajas del prestigio social. Por una vez en la vida, Sylvestre
Bonnard se contestó, decididamente, que sí.
La obra
“El crimen de un académico” facilitó
a Anatole France (1844-1924) el comienzo de su densa y reconocida
carrera literaria. La obra se publicó en 1881 y, además
de premiarla la Academia Francesa, recibió una favorable
acogida del público.
Bibliografía
Actualmente (2006) ninguna editorial ofrece este título.
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