| |
Sinopsis
El profesor Francisco Aldebarán regresa a Cuévano,
su ciudad natal, donde se hará cargo de la cátedra
de Literatura en la univesidad de esa ciudad. El profesorado de
la institución académica, los notables de la ciudad
y algunas personas próximas al profesor resultarán
harto singulares, curiosos ejemplos de ironía, absurdo
o simpleza. Entre todos destacan dos mujeres: Sarita y Gloria.
El profesor Aldebarán, que disfruta de los favores de Sarita,
está enamorado de la joven Gloria, a la que no puede acceder
por afectarla una extraña dolencia que ella misma desconoce
y que, de amarla, pone en peligro su vida.
El personaje
El profesor Aldebarán poseía uno de esos talantes
apacibles y confiados que, por desconocer la confusión
circundante, confunden los mayores embustes con evidencias rotundas
e inevitables. Algunas veces, parece decir al lector el profesor
Aldebarán, es preferible confiarse a la mentira pues la
verdad resulta inalcanzable. Si al final -al final de la obra
en esta novela- el personaje, aun por casualidad, descubre la
verdad y consigue disfrutar de ella, el gozo resulta más
prometedor por haberlo retenido el engaño.
La inocencia es integrante imprescindible para la cotidiana peripecia
de este profesor de literatura en una ciudad como Cuévano,
donde la tradición apenas consiste en seguir la tradición
y lo nuevo irrumpe con ímpetu de cosa inútil o absurda.
(Por ejemplo: algún personaje de la obra compra una fotocopiadora
para que su mujer acabe haciendo el amor con otro sobre ella).
Para contar cosas así hacía falta un observador
como el profesor Aldebarán, que siendo testigo y parte
de los actos se muestra imparcial, casi inmotivado, como si la
vida propia y la de los demás debiera observarse, retenerse
y contarse, en el más grave de los casos, como un chiste
de finísima inteligencia. Mejor reirse sencillamente de
la vida que padecer el drama o la desilusión de percibir
su extensa complejidad.
Muchas cualidades de Francisco Aldebarán atraerían
a cualquier lector, y especialmente a cualquier lectora. Las diversas
variantes del interés por la mujer se dan en el profesor
de Literatura. Todas son válidas pues en todas hay un punto
de atracción y otro de afecto, con un apreciable grado
de sinceridad como aderezo. Podría tomarse al profesor
Aldebarán como un hombre entre tranquilo e ingenuo. Siempre
sorprendido, siempre atento. Y faltaría sumarle unas cuantas
dotes impagables: la inteligencia, el sentido común, el
humor y la ironía. Sobran los héroes. Un profesor
de Literatura basta y sobra cuando se trata de engrandecer el
devenir cotidiano, de ironizar sobre los caprichos de la desdicha
y la fortuna, y de convertir en relato grande y ambicioso el lance
sin pretensiones.
La obra
“Estas ruinas que ves” consiguió para Jorge
Ibargüengoitia (1928-1983) el Premio Internacional de Novela
de México. La obra se considera el mejor ejemplo de la
escritura fresca, innovadora e inteligente del mexicano Jorge
Ibargüengoitia. “Estas ruinas que ves” se escribió
en 1974.
Bibliografía
Estas ruinas que ves (2005)
Editorial: Editorial Seix Barral, S.A. ISBN 84-322-1195-8
|